Quizá no hay nada más emblemático o representativo de la ciudad: Los mercadillos de Londres son inolvidables. Adentrarse en ellos significa viajar a las raíces del movimiento Punk y a la cuna de bandas legendarias como Pink Floyd, Radiohead o Sex Pistols. Bares, peluquerías alternativas, tatuajes, música, cuero, locura, o cualquier performance tiene su espacio en estos lugares donde nada es bizarro. Es el centro del mundo anglosajón. Uno de los puntos más cosmopolita del planeta. Un lugar donde quizá ni Dios pudiese salvar a la Reina, y si intentara hacerlo, la banda sonora sería “London Calling”. Sin duda, algo más que fish and chips.
El pasado domingo el Beefeater London Market se instaló en Madrid, o por lo menos intentó hacerlo. Una razón de peso para estar en pie antes de las 10 de la mañana y olvidar lo sucedido la noche del sábado. El lugar: La Latina, muy cerca del Rastro, otro mercado que se escenifica en ese barrio, también muy popular, pero con una onda totalmente diferente.
En el metro las sandalias y los lentes de sol eran los protagonistas. Al llegar, la confusión nos llevó hasta el Rastro, donde supuestamente nadie sabía dónde habían sido instalados los londinenses con sus productos. Un señor vestido totalmente de negro gritaba: “Todo a tres pavos, pase por aquí. Este es el Corte Inglés, pero barato y sin escaleras”, luego en tono muy similar comentaba: “Soy gitano y tengo el piso y el coche pago”, aparentemente para atraer clientes. Sin embargo, la londonización seguía teniendo más poder de convocatoria.
El sol calentaba el ambiente y la temperatura rebasaba las tres decenas de grados centígrados, y aún muchos no dábamos con el lugar. Después de sudar por la caminata y por lo difícil que fue obtener información de los vendedores regulares del lugar sobre el evento, llegamos a la calle que nos llevaría a la Plaza de la Paja, donde estaba todo. Allí nos encontramos con un estacionamiento humano, todos parecían integrar una fila que llevaba al lugar.
Dos grandes carpas agrupaban a los comerciantes de Portobello, Camden Town y Convent Garden, pero la cantidad de gente en aquel estrecho lugar aniquiló cualquier iniciativa de hablar un poco de inglés o de cambiar euros por libras, para obtener un descuento en las compras. Sin pensarlo dos veces nos olvidamos de The Clash. Ni los libros, ni las antigüedades, ni los vinilos pudieron retenernos. Las colas para entrar eran dantescas y el calor infernal.
Londonize es “londonizarse”, absorber Londres, empaparse del rollo londinense, llenarse de una ciudad que crea tendencia, sinónimo de arte, de moda, de cultura, de tolerancia, de dinamismo. Londonizarse es algo tan amplio que va desde saber cómo pedir una copa en Londres (sin parecer un extraterrestre), hasta conocer cuál es el último grito de la moda, pasando por mezclarse con los vendedores de sus mundialmente famosos mercadillos.

Redirigimos nuestra marcha, pero esta vez hacia un lugar para comer. La Calle Mayor nos acercó a la Puerta del Sol e instantes después, cañas y tapas poblaron la mesa mientras nuestros ojos escudriñaban la carta. Patatas bravas, un poco de lacón, queso, y pan con aceite de oliva y orégano fueron el centro de atención. Nada de fish and chips porque nuestro vuelo a Londres en aerolínea de bajo coste fue sobrevendido y nos tocó quedarnos en Madrid. Intentamos londonizarnos, pero no pudimos.
http://www.londonize.com/
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