Un millón y medio de personas entre músculos, lentejuelas, piel al aire y gafas de sol. Mucha fuerza y mucha delicadeza. Pelucas, cabezas rapadas y maquillaje. Todos concentrados entre la Puerta de Alcalá y Plaza de España. Un día en el que nadie podía utilizar el lugar común español “Que le den por el culo”. El día del orgullo de Europa. El día del orgullo gay.
El llamado era para después de las 6 de la tarde. Sin embargo, el pasado sábado, la ciudad se despertó vibrante. Quizá por las rebajas, o por el sol que ya perdió la timidez. Pero se podía sentir: en el ambiente había algo, y nunca había sido mejor dicho. Gran Vía se había vestido de colores para recibir a todos aquellos que quisieran celebrar, curiosear, o sencillamente pasear, entre diversidad sexual.
Cuatro horas de manifestación o de caminata bailable con escarcha. 40 carrozas, samba y batucada. Vestimentas de todo tipo. Los manifestantes eran más que el centro de atención, algunos sencillamente eran al atracción del día. Reyes de las fotos. Todos querían retratarse con ellos, o ellas, o ambos a la vez.
La movilización danzaba entre consignas para exigir respeto y libertad, aunque para algunos sencillamente era una fiesta de calle, un carnaval. Pero un carnaval distinto, donde algunos se disfrazaban y otros se quitaban el antifaz del día a día. Una celebración donde hasta Burger King había adoptado la bandera multicolor. Una bandera que todos ondeaban.
Al caer el sol, todo se dispersaba, pero la fiesta no. Ahora el punto de concentración se trasladaba a Chueca, quizá el epicentro de todo lo que había sucedido ese fin de semana, un barrio madrileño donde converge todo lo no heterosexual: un lugar alegre, divertido, excéntrico, diverso, colorido y gay. Barras en las calles, guirnaldas multicolores, música y mucha fiesta. Los amantes de la noche cubrían todo el lugar. Las plazas estaban totalmente repletas de personajes bebiendo, bailando o sencillamente compartiendo.
La fiesta era en la calle y la calle era una fiesta, quizá menos agresiva, pero sí más intensa. No había espacio vacío. Era un mar de personas con intenciones de disfrutar hasta la salida del sol. Sin ánimos de parar. El alcohol circulaba en cuerpos expresivos que no ocultaban tendencias sexuales. Las botellas vacías que ornamentaban las esquinas, escaleras, ventanas, estatuas o aceras, vieron la vuelta del sol a su lugar de trabajo y cómo éste evaporaba el mar que había confluido ahí. Horas después, ya todo era parte de la historia multicolor.
1 comentarios:
Hola!!
El texto es genial. Yo estube este año con mi novia y cuando he leido tu articulo he podido sentir justo lo mismo que cuando paseaba por chueca o veia las cabalgatas, me has heacho recordar lo buenisima que fue esa experiencia y sinceramente me ha encantado.
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