Desde el momento en que el Ministro de Defensa de Colombia anunció la muerte de Raúl Reyes han ocurrido muchas cosas. Movimientos diplomáticos rápidos y contactos entre mandatarios de ideologías heterogéneas se sucedieron, pero no hubo punto de encuentro ni zona de distensión. Ni siquiera este golpe a las FARC pudo hacer converger el destino de los lineamientos políticos de estos tres países que dieron vida al sueño bolivariano de la Gran Colombia.
“Los combatientes incursionaron en territorio ecuatoriano y la balacera se dio en territorio ecuatoriano” dijo el Presidente del Ecuador luego de recibir la llamada urgente de su homólogo colombiano. Inmediatamente después, desde el Norte, o no tan al Norte, la Casa de Nariño recibía mensajes sobre el envío de batallones blindados a la frontera con Colombia. Además, el cierre la embajada venezolana en Bogotá y el retiro de todo el personal diplomático.
Esa misma noche, Rafael Correa denuncia la violación de la soberanía de la nación que preside. Uribe trata de explicar lo sucedido, pero nadie entiende razones. Desde el Sur se expulsan a embajadores y retiran a los propios, las tropas ya toman camino a la frontera con Colombia.
Las voces buscan ser escuchadas en los foros internacionales, y ya el cuento se torna largo y las declaraciones de casi todos los primeros mandatarios de la región también. Todo parece apuntar a que la violación de la soberanía ecuatoriana ha sido el detonante de una crisis a Venezuela, Colombia y Ecuador.
Días más tarde un abrazo sepulta el malestar. Todos se olvidaron de los batallones y esgrimieron los micrófonos para hacer uso de sus dotes de oradores y en la foto de Santo Domingo quedó plasmado el reencuentro.
Pero si hacemos un ejercicio mental y nos dedicamos un segundo a matizar el caso, y nos planteamos el supuesto de similitud entre las ideologías políticas de Chávez, Uribe y Correa y su relación con el Gobierno de Washington, sería muy fácil deducir que las reacciones habrían sido las mismas. Es decir, quizá las declaraciones, desde Miraflores o Carondelet, apuntarían a resaltar la labor de los colombianos en la lucha contra los movimientos subversivos.
Hipótesis de la que se desprende que este no es un problema nuevo, sino que es factor que ha ayudado a la cristalización de la fractura que existe entre los tres países. Fractura que genera las relaciones entre Uribe y el Presidente de Estados Unidos y que ha dado más margen de acción a los rebeldes en todos los flancos. Además de que les proporciona un santuario para mantener ese suficiente poder que le impide al Estado eliminarlos, debido a su fuerza militar y huella en la sociedad, pero insuficiente para continuar tomando terrenos.
Parece que algunos han olvidado que la única arma estratégica que ahora tienen las FARC es la desestabilización y que ya los lineamientos que dieron vida a su nacimiento han sido dejados a un lado para justificar su existencia sólo a través de la violencia.
Acabar con este tipo de problemas endémicos, evidentemente no es fácil. Para ello Colombia tiene que entender que los guerrilleros no entregarán las armas y al día siguiente intentarán conseguir un trabajo con jornadas de ocho horas de lunes a viernes. Y quizá los más importante es internacionalizar el conflicto, transnacionalizarlo. Ampliar sus fronteras por todos los puntos cardinales, extenderlas más allá de donde la naturaleza supone una barrera; porque en el mundo global en el que nos tocó vivir pertenecemos a entramados de Naciones-estados. Donde los problemas de este tipo se deben abordar como un todo y desde organismos que coordinen de manera supranacional.
Hecho que sí significaría una pérdida de la soberanía, pero en realidad el concepto duro de soberanía que parecen haber interiorizado Chávez y Correa ya quedo atrás. Un ejemplo de ellos es que ni siquiera somos soberanos de planear nuestras propias políticas, hecho debemos a la fluctuaciones de la monedes en el mercado internacional o a los cambiantes precios del petróleo o la transnacionalización de la producción, y si queremos seguir incrementando la lista: a los flujos globales de capital, los bienes, los servicios, la tecnología, comunicación.
Si Colombia decide continuar atacando el problema por la vía unilateral y vence, sin importar las incursiones en otros países o posibles problemas con el entorno, quizá podrá ver la subsistencia de su poder duro en el mejor de los casos, pero en detrimento de su poder suave y un divorcio con su entramado natural de flujos económicos, sociales y culturales.
¿Cómo hacerlo? Pactando, invitando al problema a los vecinos. Sin importar que de por medio tengan que existir acuerdos económicos, de cooperación u otra índole. De la misma manera que España comenzó su lucha efectiva con el terrorismo después de 1980 cuando logró pactar y hacerle entender a los franceses que el problema era mutuo. Con la llegada al poder de Felipe González, el entonces Gobierno socialista francés inició la colaboración con España en la lucha antiterrorista. Debido a que ambos jefes de gobierno lograron tener un excelente entendimiento y porque los españoles le manifestaron a sus vecinos la dimensiones del conflicto. Cooperación que se mantuvo cuando años después los conservadores llegan al poder galo en la persona de Jacques Chirac y que siempre contó con el visto bueno de los gobernantes italianos, sin importar la filiación política.
Y podrá ahora usted argumentar que ETA no se ha acabado y que recientemente se presume que cometió un asesinato, pero la verdad es que la organización terrorista no es la misma que hace dos décadas atrás. Además cuando se tiene a la violencia como forma de sustento y justificación, es muy difícil dejar las armas, como ya comenté antes, y al día siguiente buscar un trabajo en sección de anuncios del periódico.
Una muestra de que lo anterior funciona es que, horas después de caer, Raúl Reyes fue puesto preso debido su pertenencia al mismo entramado de internacionalización del delito. Lo primordial debe ser dejar atrás las ideologías, converger en la idea de que somos una sola nación –aunque con diferencias – y entender que las FARC es un problema de todos los latinoamericanos.